A 45 años de su muerte, el recuerdo de Violeta sigue más fuerte que nunca
- Detalles
- Publicado en Domingo, 05 Febrero 2012 01:04
- Escrito por LaDiscusión.cl

- Creadora como pocas, la figura de la mujer del clan Parra resalta por su visión, anticipación y universalidad.
- Jorge Montealegre y Marco Aurelio Reyes desmenuzan los sorprendentes recovecos de su existencia.
VIOLETA PARRA, 5 DE FEBRERO: UNA EXTRAÑA SINCRONÍA
Jorge Montealegre Iturra
Escritor e investigador U. de Santiago
Hace casi un año, obsesivamente, miraba fotografías de Violeta Parra esperando que me hablaran de ella, buscando algo que no hubiese dicho, que otros no hubiesen contado. Me comuniqué con algunas de las personas que la fotografiaron. Les pedí que me hablaran de ese momento. De las miradas, las poses.
Fernando Krahn, Marcelo Montealegre, Hernán Miranda y otros compartieron la experiencia. También me dejé hipnotizar por sus arpilleras, sus pinturas. Y también me dijeron cosas que yo no había escuchado. Y escarbé en ese tesoro de cartas y recuerdos que Isabel Parra comparte en su “Libro mayor”. Qué maravilla. Y leí entrelíneas y traté de comprender a la señora Violeta, sin abuso de confianza, con respetuosa admiración. La seguí, viendo en ella a una niña curiosa, con capacidad de vuelo y de aterrizaje, con ñeque para nadar aguas arriba y una respetable soledad que es más signo de independencia, de administración de su espacio creativo, que de hosquedad.
Busqué, por supuesto, en sus canciones e imágenes, sus expresiones de humor. Son muchas y más frecuentes que su halo trágico nos propone. También, me interesó su presencia en ausencia. Durante el gobierno del Presidente Allende, o bajo la dictadura que prohibió que las poblaciones que llevaban su nombre siguieran llamándose “Violeta Parra”. Y cómo estuvo presente con Ángel en el Estadio Nacional y Chacabuco o con Isabel en el exilio. Con pertinencia, mi testimonio tampoco quedó fuera, pensando que cada uno tiene su Violeta Parra.
En fin. El libro se fue convirtiendo en un ensayo que excedía las dimensiones exigidas por la editorial. En efecto, se trataba de escribir un libro breve, adecuado para la Colección Grandes de Chile, de la Editorial de la Universidad de Santiago, que tiene un fin de divulgación y de permitir un acceso a bajo precio a la lectura. Pero me pasé y debí trabajar en una versión corregida y disminuida. En el intento de sintetizar para mí lo que había conseguido, titulé el librito “Instantes fecundos, visiones, retazos de memoria”. Al poner punto final, con un atraso de varios meses, me di cuenta que el libro lo había terminado el mismo día del aniversario de la muerte de Violeta Parra, en La Reina, un día 5 de febrero. Extraña sincronía. Habría preferido que fuese en el día de su cumpleaños.
En la misma comuna donde levantó su carpa, donde quiso sintetizar su proyecto. La carpa es el continente de todos sus territorios. De todos sus retazos. Es la enorme gallina empollando sus criaturas. La gran pollera o el poncho enorme que envuelve y le da unidad a la diversidad de expresiones haciendo de ellas una sola gran expresión. Es un mundo que se puede rastrear en su memoria: la carpa de los circos, de los gitanos, del parque. La vida de la gente es el corazón de las carpas. Es la utopía poética de Violeta Parra: una gran obra compuesta por elementos que se potencian frente al público. Quise acercarme a la comprensión de esa gran obra y lo registré en un pequeño libro. Los invito a leerlo. Es otra conversación sobre Violeta Parra. Seguramente complementaria a la conversación que hemos tenido y seguiremos teniendo sobre otros libros, sobre las películas, sobre las múltiples versiones de sus canciones.
“Violeta se fue a los cielos”
Marco Aurelio Reyes Coca
historiador u. del bío bío
Acabo de leer la obra de Ángel Parra “Violeta se fue a los cielos”, luego de haberme extasiado en el cine con la película de Andrés Wood, maestro de las imágenes. Todo se confabula para que recordemos a “La Gran Violeta Parra”.
Al rememorar los 45 años de su drástico final, “Ángel Parra define poéticamente el fin de todos sus tormentos, como a ella le gustan las cosas” y “a través de ese pequeño orificio se le fue la vida”.
Al tomar el libro por el primogénito de la Violeta, no pensé en lo bien escrito, con sentimientos profundos. “Simplemente vivencias y recuerdos. Momentos de privilegio de la mano de mi madre, en tanto hijo hombre único”. Extraordinario, tratándose de contar la vida y el espectro artístico de la enorme Violeta: música, tapicería, cerámica, escultura, poesía y pintura, una especia de “mujer renacentista”, como una réplica moderna de Da Vinci.
Cuando inicia su búsqueda musical, se siente triste porque el modernismo había “matado la música del pueblo. La tradición es casi un cadáver, me siento contenta de poder pasearme entre mi alma, muy vieja, y esta vida de hoy”. Emprendedora e innovadora la llamarían hoy, pero siempre “la inmensa compositora Violeta Parra abriendo las compuertas de su talento, al servicio del pueblo”. Genial y comprometida, los sujetos populares, el compromiso político, la construcción de identidad y las proyecciones en el imaginario social, el cuestionamiento de los paradigmas sociales.
La “estrella de Violeta” me pone en una mágica coincidencia, como dirigir la tesis del Magíster en Historia de Occidente, del profesor alumno, Víctor Vergara C., titulada “La nueva Canción chilena. Creación cultural y el avance de los acordes hacia los social y político, 1960 – 1973”.
De la interesante e innovadora investigación, con definición de la historia de la cultura popular, y el análisis crítico del discurso, queda clarísima la centralidad de Violeta Parra en este objetivo del movimiento de la nueva canción chilena. La inspiración auténtica del antecedente directo, que irrumpe a comienzo de los años 1960, está en la obra de Violeta: en su investigación folclórica y principalmente en su creación propia, con sensibilidad social, de las diversas expresiones artísticas (Larrea, A, Rostros y Rastros de un canto).
La pródiga tradición de Violeta es un universo que no tiene carácter lineal ni monótono, su creación artística va más allá de lo aprendido en su interior. Y eso que debe actuar en medios sociales adversos y de menor difusión: circos, quintas de recreo, restaurantes populares y “chincheles”, cantando desde boleros, tonadas populares y farrucas, fandangos y sevillanas. Así la Violeta va plasmando su innato talento, toda su creación que van marcando su vida y enriquecen nuestro patrimonio. “Volver a los 17” y “Gracias a la Vida”, son obras fundamentales que retratan la tensión vida – muerte, y en todo el espectro de su cruda contingencia, donde instalará radicales preguntas por lo humano y su sentido, que adquieren plena resonancia en su canto “Gracias a la vida, despedida y testamento” (Torres Alvarado). “A través de ese pequeño orificio se le fue la vida”.








