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viernes 19 de septiembre del 2014

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Nueva Mayoría recuperó el terreno perdido en las municipales de 2012

Votación tanto de michelle bachelet, como de senadores y diputados fue superior a la de la alianza en comparación a elecciones de 2005 y 2009.

La noche de las elecciones, normalmente todos parecen triunfadores. Aún cuando hayan sacado resultados adversos o no tan alentadores.

Pocos reconocen las debilidades, salvo que éstas sean evidentes, y prefieren concentrarse en los triunfos.

Así, en la Nueva Mayoría pasaron el trago amargo de no haber logrado con Bachelet la presidencia en primera vuelta y la pérdida de dos históricos en el Senado, como Camilo Escalona (PS) y Hosaín Sabag (DC), con el doblaje de Jorge Sabag (DC) y Loreto Carvajal (PPD) en el distrito 42 y con el triunfo de cuatro cartas marcadamente bacheletistas: Felipe Harboe (PPD) en la Octava Cordillera; Alejandro Navarro (MAS), en el Octava Costa; Carlos Abel Jarpa (PRSD) en el distrito 41 y Cristian Quiroz, como consejero regional con la primera mayoría en Ñuble.

Estos cuatro personeros llevaron a cabo un trabajo de campaña mancomunado, el cual dio frutos en las urnas, y esperan, se proyecte en la gestión que realicen a partir de marzo, sobre todo anticipándose a un posible retorno de Bachelet a La Moneda.

El denominado equipo “progresista” aspira a imprimirle a su trabajo un sello particular, que tienda a facilitar tanto en el Congreso, como en el CORE, por medio de la asignación de recursos, un giro en la forma de hacer política.

Como aval, tienen  el amplio respaldo que la candidata de la Nueva Mayoría tuvo en Ñuble, donde el 54% de los electores le dieron su preferencia, frente al 25% de Evelyn Matthei. Un resultado que también posiciona al encargado territorial del comando, Carlos Hernández (PS), como pieza clave de la articulación lograda a nivel electoral.

Un resultado muy distinto al de las pasadas elecciones municipales, en las cuales si bien el pacto opositor obtuvo buenos dividendos en cuanto a concejales, perdió  varios alcaldes, dejando el mapa del poder en manos de la Alianza. Esto último no fue aprovechado por el oficialismo en los pasados comicios, pues los resultados parlamentarios fueron decidores tanto en presidenciales como en parlamentarias. Si bien en este último caso no es tan visible, pues el binominal permite el equilibrio entre fuerzas, el doblaje obtenido en el 42 vino a romper la calma en la provincia.

Pese a que la Alianza logró romper también el doblaje en la Octava Costa, con el triunfo de Jacqueline Van Rysselberghe (UDI), lo cierto es que en proporción, la Nueva Mayoría sigue sacando más votos que la Alianza en las dos circunscripciones y en los dos distritos, siendo el caso de estos últimos el más ventajoso para el conglomerado, ya que en el 41, revirtió un escenario favorable para la derecha (de 37,07% el 2009 pasó a 49,92% el 2013, superando al oficialismo), mientras que en el 42, gracias a la buena votación de los dos candidatos electos, se pasó de un 52,3% el 2009, a un 64,5% el 2013.

Factor tiempo
Un elemento en común traspasa  los colores políticos y permite explicar el triunfo de tres candidatos que peleaban en escenarios complejos, dominados por candidatos incumbentes y caudillos.

Se trata de la anticipación. Tanto Felipe Harboe, como Jacqueline Van Rysselberghe y Loreto Carvajal tuvieron campañas largas, caracterizadas por muchas actividades en terreno y un despliegue en las distintas comunas y distritos permanente y metódico.

Los senadores electos, por ejemplo, comenzaron a explorar sus respectivas circunscripciones aproximadamente con un año y medio de anticipación, convirtiéndose en elementos clave en las pasadas municipales y generando nexos con los alcaldes afines a sus sector.

Visitaron todas las semanas cada rincón de todos los distritos y establecieron “duplas” de trabajo, que en el caso de Harboe, fueron decisivas. Tanto él como el diputado Carlos Abel Jarpa obtuvieron las primeras mayorías en sus respectivas elecciones, lo que habla de un trabajo en conjunto y muy bien planificado.

Van Rysselberghe, en tanto, se alió con dirigentes del agro y los alcaldes y concejales gremialistas, que en el caso del distrito 42, fueron fundamentales a la hora de sellar su triunfo. Para nadie es un misterio que su campaña comenzó en el mismo momento en que pisó la intendencia del Bío Bío, y se intensificó cuando debió abandonar su cargo.

Las heridas del oficialismo
La baja en la votación de la Alianza tiene varias explicaciones, pero una que engloba al resto: los problemas de arrastre entre sus partidos integrantes, RN y la UDI.

El resultado de Víctor Pérez no fue el esperado en los distritos de Ñuble y Arauco, no obstante alcanzó la reelección gracias al 47, donde le sacó una clara ventaja a su compañera de lista.

Sectores de RN local no han escondido su descontento con el parlamentario, a quien acusan de haber “olvidado” Ñuble en el último tiempo.

En tanto, las disputas a nivel regional al interior de la Alianza tuvieron una víctima clara: el diputado de RN Frank Sauerbaum.

Luego de dejar a Jacqueline Van Rysselberghe en la más completa orfandad -RN no le designó a la ex intendenta un compañero de lista y le cedió su cupo a la UDI-, el gremialismo hizo lo propio en el distrito 42.
Luego que una buena candidata como era Katherine Echaíz se retirara de la contienda, el partido no hizo nada por poner en su reemplazo a una carta que sumara votos a la lista. Jaime Guilisasti, si bien desplegó una campaña codo a codo con Van Rysselberghe, no tuvo el tiempo suficiente para posicionar su nombre, aportando un escaso 4,44% al 26,93% obtenido por Sauerbaum, lo que a la postre le costó la reelección al presidente regional de RN, quien fue bastante crítico respecto de la labor de la ex intendenta al interior del conglomerado.

Incumbentes infranqueables
Quienes parecen no sufrir los embates del desgaste son los incumbentes Rosauro Martínez (RN) y Carlos Abel Jarpa (PRSD) en el distrito 41. Ambos diputados fueron reelectos por un sexto y quinto período respectivamente, y con las primeras mayorías, lo que reflota un problema transversal de la política local: la falta de liderazgos y la calidad de estos.

En el caso de Martínez, si bien no alcanzó el primer lugar esta vez, sí supo desviar la atención de los ataques en su contra por su supuesta participación en crímenes de derechos humanos mientras fue militar, causa por la que se solicitó su desafuero. Pese a las denuncias, el grueso de su electorado no cambió de parecer y le dio su respaldo.

Jarpa, en tanto, hizo un buen “negocio” al aliarse con Felipe Harboe. Este último penetró en la Provincia de Ñuble de la mano del radical, y éste, a su vez, se impregnó del estilo progresista del PPD, lo que le trajo dividendos a ambos.

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