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jueves 17 de mayo del 2012

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Democracia partidista

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Los partidos políticos en Chile experimentan un proceso de debilitamiento y de desprestigio. En efecto, diversos estudios de opinión pública muestran que éstos presentan bajos niveles de confianza frente a la ciudadanía y son consideradas como una de las instituciones más corruptas. Tal escenario lleva a la pregunta sobre cómo avanzar para que estas organizaciones no pierdan su capacidad de ser legítimos articuladores de las demandas ciudadanas, entendiendo que son un bien público que debe ser cuidado y promovido para el óptimo desarrollo de la democracia.
Y como bien público, los partidos políticos deben ser financiados por el Estado y fiscalizados por éste y la sociedad. 
En tercer lugar y clave, es alcanzar mayores niveles de democracia interna. La proliferación de candidatos independientes que hemos visto de cara a las municipales y que han abandonado sus partidos escapando de la “dedocracia” de las cúpulas, nos confirma que las colectividades políticas deben tener mecanismos que garanticen el acceso real a todos sus miembros a las estructuras directivas, lo mismo que reglas claras para poder aspirar a convertirse en futuros candidatos en una elección popular.