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jueves 17 de mayo del 2012

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Escaso espíritu reformista

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El problema concreto que enfrenta el proceso de descentralización es la falta de convencimiento de las autoridades centrales, más allá del gobierno de turno, de que la única manera de descentralizar es desconcentrando poder y recursos y que éstos puedan ser recaudados, decididos y fiscalizados por las propias regiones y sus habitantes.

Esto pasa necesariamente por cambiar el actual sistema político administrativo, hacia un Estado Regional o derechamente federal.
Tampoco existe mayor voluntad política en los propios parlamentarios de regiones para promover instancias reales de descentralización, ya que ello les quita poder ante las gestiones que realizan para conseguir inversiones, proyectos y recursos para sus distritos.
Más allá de la elección directa de consejeros, lo que se requiere es un cambio en las facultades descentralizadoras. Más cargos de elección popular, seguramente
exigirá más dietas, celulares, permisos y prerrogativas, antes que compromisos concretos con nuevas labores.