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jueves 17 de mayo del 2012

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¿Colusión en la salud?

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  • El problema con la atención de ginecólogos revela tres graves problemas en la salud: la concentración del mercado de isapres, la falta de especialistas en la zona -que favorece la colusión- y la necesidad de regular el lucro en la salud.

El complicado escenario que afecta hoy a las pacientes de ginecólogos en la provincia de Ñuble, y que son afiliadas a isapres, es una muestra más de las distorsiones que existen en el mercado de la salud.
Hace aproximadamente un mes, las consultas privadas de ginecólogos en Chillán no están aceptando bonos emitidos por isapres, situación que fue denunciada el pasado domingo por La Discusión.
La razón obedece a un proceso de negociación del convenio (el último venció el 20 de enero) entre los médicos y las instituciones de salud privada, que no ha tenido grandes avances. Ello, porque los facultativos exigen un aumento de los honorarios, sin embargo, no se ha llegado a acuerdo sobre el monto con las isapres.
Las únicas perjudicadas con este proceso, abordado de manera tardía por los interesados, son las propias pacientes y sus familias, especialmente las embarazadas, quienes están obligadas a seguir con los controles médicos. Por su parte, las isapres y los ginecólogos siguen ganando, especialmente estos últimos, quienes están cobrando incluso más alto (25 mil pesos por consulta).
Pero más allá de los baches del proceso negociador, hay algunos temas de fondo en los cuales vale la pena poner atención, pues reflejan la concentración del mercado de las isapres, la falta de especialistas en la zona -lo que también deriva en concentración- y la problemática del lucro en la salud como factor de desigualdad de acceso.
En primer lugar, el escaso número de isapres en el mercado es un elemento distorsionador de precios, que facilita, en la teoría, la concertación (colusión) de estas instituciones a la hora de establecer los valores de los planes de salud, así como también los aranceles a pagar a los médicos.
Una vez más, el problema de la falta de competencia juega a favor de unos pocos, constituyéndose en un oligopolio, tal como ocurre con las AFP. Por lo tanto, es deber del Estado velar por la introducción de mayores niveles de competencia, fomentando el ingreso de nuevos actores al mercado, por ejemplo, licitando la cartera de nuevos afiliados a quien ofrezca los planes más baratos.
Otra forma es fortalecer Fonasa, mejorando la oferta de planes y cobertura y fortaleciendo la salud pública, pero esas son palabras mayores y difícilmente se pueden concretar en el mediano plazo.
En segundo lugar, la escasez de especialistas en Chillán también favorece la ocurrencia de fenómenos como la colusión de los médicos, tema que ayer se confirmó va a investigar la Fiscalía Nacional Económica, puesto que el proceso de negociación se ha dado, en la práctica, con el gremio en conjunto, y la decisión de no aceptar bonos, también se habría tomado de manera concertada. Sin ánimo de justificar el actuar de los ginecólogos, si bien éste contraviene las reglas de la libre competencia, surge como una práctica irregular frente a un mercado irregular.
Y finalmente, conviene debatir sobre un asunto mucho más de fondo y que trasciende toda la discusión: ¿debe existir un lucro desregulado en la salud? ¿O sólo se debe regular el lucro en la educación? A la luz de los resultados, en que se ha visto que éste contribuye a aumentar la desigualdad de acceso entre los chilenos, la respuesta cae por su propio peso.