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jueves 17 de mayo del 2012

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Caminos de tierra

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  • En la medida que no se asuman inversiones en serio en la materia y se conforme con pavimentar 60 kilómetros en un año, de un total de 4.672, no se podrá avanzar hacia el desarrollo productivo y turístico de esta zona, y menos, soñar con ser potencia agroalimentaria.

Vergonzoso es un adjetivo que refleja muy bien la situación de la infraestructura vial de la provincia. Un 17 por ciento de rutas pavimentadas es una cifra tan miserable en comparación con otras zonas del país, que el análisis no hace sino confirmar la permanente postergación de esta provincia por parte de las autoridades nacionales y regionales, así como también un preocupante desinterés de los representantes locales, tanto del pasado como del presente.
Cuando se estudian los factores que determinan la pobreza, el escaso desarrollo económico, la mala calidad de los empleos, la baja industrialización, la casi inexistencia de grandes empresas, la alta tasa de fracasos de emprendimientos y los problemas de competitividad de los productos de Ñuble, entre las causas que más se repiten están el alto costo de la energía, la deficiente calificación del capital humano, el reducido nivel de inversión y la precaria infraestructura vial.
En otras palabras, si las cosas están tan mal en términos de desarrollo productivo en Ñuble, es, en parte, porque los gobiernos no han tenido la voluntad de pavimentar caminos y construir puentes. Así de simple.
Las palabras del dirigente agrícola, Carlos Smith, son bastante elocuentes para graficar la impotencia que embarga a muchos habitantes de esta zona, al afirmar que es una injusticia tremenda que Santiago siga progresando mientras en Ñuble “vamos a tener que seguir tragando polvo un siglo más”.
Pero salvo algunos alcaldes y parlamentarios, como el diputado Frank Sauerbaum, quien hace unos días levantó este tema, a las autoridades locales no les produce la misma sensación de injusticia el miserable estado de la rutas, de lo contrario, habrían presentado proyectos en busca de financiamiento del Ministerio de Obras Públicas.
No se trata sólo de un tema de capacidades intelectuales limitadas y visión cortoplacista de algunas autoridades elegidas o de escaso coraje y compromiso con la zona de parte de las autoridades designadas, sino que también existe una estructura centralista y vertical en el aparato público, similar a un camino de tierra, que hace difícil transitar hacia la fuente de financiamiento para desarrollar proyectos.
Cuando las prioridades del alcalde son entregar canastas familiares y materiales de construcción a sus vecinos para que no se olviden de votar por su reelección, cuando lo que importa es el proyecto que se ejecuta rápido y tiene harta visibilidad o cuando sus pensamientos están en la cuenta corriente, no se generan los proyectos que necesita la comunidad.
Una ruta pavimentada es sinónimo de reducción de costos de transporte, de mejor calidad del producto transportado, de mayor estándar de vida en el entorno y de potenciación de atractivos turísticos. Es, finalmente, sinónimo de riqueza.
En la medida que no se asuman inversiones en serio en la materia y se conforme con pavimentar 60 kilómetros en un año, de un total de 4.672 que aún son de tierra o ripio, no se podrá avanzar hacia el desarrollo productivo y turístico de esta zona, y menos, soñar con ser potencia agroalimentaria.