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jueves 17 de mayo del 2012

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Hanta: la culpa no es del ratón

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  • La verdadera responsabilidad es de la sociedad, que ha adoptado un modelo de desarrollo que no toma en cuenta los hábitat, que reemplaza especies nativas por exóticas sin considerar sus externalidades negativas, que no ha cuidado el agua y ha erosionado los suelos.

El título de este editorial resume no sólo el grave problema sanitario que enfrenta la autoridad, sino que grafica la crisis ambiental por la que atraviesa el planeta.
El mortal hanta, que ya ha cobrado tres víctimas fatales en la Región, dos de ellos en el penal El Manzano, de Concepción, además de ocho contagiados con distintos grados de compromiso pulmonar, se presenta como una consecuencia natural de un proceso generado por el hombre.
El caso particular del sindrome cardiopulmonar por hantavirus, transmitido por un tipo específico de roedor, conocido vulgarmente como ratón colilargo, ha movilizado toda la artillería del Ministerio de Salud, generando campañas de prevención del contagio, así como desarrollando medidas de respuesta inmediata para reducir su letalidad.
A falta de un flautista, también se busca acabar con los ratones, mediante raticidas, especialmente en aquellos sectores urbanos colindantes con bosques y plantaciones, es decir, en la periferia de las ciudades, como en las inmediaciones de la cárcel El Manzano.
Curiosamente, los casos sospechosos y confirmados se han registrado en ciudades, en personas que no salieron a acampar ni se internaron en el bosque, como ocurría en años anteriores. Esta vez, los ratones llegaron a las urbes de Concepción, Los Ángeles, Quillón y Florida.
Y no hay que ser muy inteligente para llegar a la conclusión de que lo peculiar de este año y que pudo motivar la migración de roedores fueron los incendios forestales que afectaron a la zona en enero pasado, tal como lo han planteado las autoridades del Ministerio de Salud.
La falta de alimentos, la destrucción del hábitat y la sequía en el valle del Itata -que el Gobierno califica como escasez hídrica- aparecen como los factores clave de esta migración de roedores
Pero no sólo estos se vieron afectados por el fuego. Numerosas especies de aves, mamíferos y naturalmente, de vegetales, fueron consumidos. Y de los que se salvaron, un gran número huyó en busca de un lugar menos devastado.
Este verdadero desastre ecológico sólo nos preocupa porque representa una pérdida económica para agricultores y propietarios forestales, y también porque una de esas especies transmite un virus mortal.
Está claro que si este desastre no hubiese afectado intereses económicos ni estuviera disparando los casos de hanta, no sería tema de preocupación, salvo para grupos ambientalistas.
Pero ¿dónde está la responsabilidad? Está claro que no se halla en el ratón ni en las llamas . Existe una causa muy anterior que tampoco tiene que ver con el inconsciente que lanzó al suelo una colilla de cigarro encendida o hizo fuego con un rollo de papel higiénico sin tomar las precauciones del caso.
La verdadera responsabilidad es de la sociedad, que ha adoptado un modelo de desarrollo que no toma en cuenta los hábitat, que reemplaza especies nativas por exóticas sin considerar sus externalidades negativas, que no ha cuidado el recurso agua y ha erosionado los suelos.
El hanta, entonces, nos viene a recordar que el ecosistema es precisamente eso, un sistema, del cual todos somos parte importante, y que aún no aprendemos que para que funcione, requiere de un necesario equilibrio entre sus integrantes.