Malvinas: un asunto bilateral
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- Publicado en Jueves, 09 Febrero 2012 01:26
- Escrito por LaDiscusión.cl
- Apoyar la postura argentina, lo que implica revisar un asunto que data de 1833, deja abierta la puerta para discutir cualquier reclamación del siglo XIX; genera la enemistad gratuita de un socio comercial, el Reino Unido; y rompe el principio de la bilateralidad, defendido por Chile.
La discusión sobre la soberanía del archipiélago de las Falkland o Malvinas puede seguir dilantándose con muchos argumentos válidos, sin embargo, conviene preguntarse ¿por qué Chile se entromete en un asunto bilateral, exclusivo entre el Reino Unido y Argentina?
Por décadas, la política exterior de Chile ha mantenido el discurso de no inmiscuirse en los asuntos bilaterales de otros países, tanto por principio como por conveniencia, pues uno de los temas espinosos de las relaciones internacionales ha sido la reclamación marítima de Bolivia, y la respuesta de La Moneda frente a opiniones de otros países, como Venezuela, en la discusión sobre la mediterraneidad del país altiplánico, ha sido siempre la misma: “es una cuestión bilateral”.
Cuando Argentina pide el apoyo regional en su cruzada por recuperar las islas, con medidas de facto, como la declaración del Mercosur que prohibe a los barcos con bandera de Malvinas recalar en los puertos de los países miembros, lo que supone un bloqueo encubierto, está haciendo uso legítimo de las herramientas del derecho internacional, y los países como Chile son libres de adherir, sin embargo, la pregunta que subyace es: ¿es sólo una solidaridad regional lo que mueve a la Cancillería chilena a apoyar esta medida?
En otras palabras: ¿qué gana Chile con apoyar a Argentina en esta peregrina incursión diplomática de la Presidenta Fernández?
La duda reviste especial interés de los más suspicaces, pues es sabido que entre los gobiernos chileno y argentino no existe la simpatía ideológica que había en los años de Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, y despierta aún más la curiosidad si se recuerda el rol que jugó nuestro país durante la guerra en 1982 y el desconocimiento por parte de Buenos Aires del laudo arbitral de 1977 respecto de la soberanía chilena sobre las islas del Beagle.
Ahora bien, la postura de la administración Piñera no es nueva. De hecho, en los últimos años, Chile ha jugado un papel más activo de lo que se cree en el tema Malvinas, puesto que jamás ha reconocido la soberanía inglesa en el archipiélago y ha llevado el asunto a la ONU en más de una oportunidad, planteando que es necesario el diálogo y la negociación.
Recordemos que la ONU considera al archipiélago un territorio en litigio entre el Reino Unido y Argentina, y que antes de la guerra se realizaron numerosas conversaciones entre ambos gobiernos y varias resoluciones del organismo buscaron llegar a un acuerdo.
Entonces, la pregunta sobre el verdadero interés chileno podría apuntar hacia el argumento antártico esbozado por el embajador argentino en Santiago, respecto del riesgo que supone la proyección británica en el continente blanco en caso de primar la postura de Londres en el tema Malvinas.
Si fuera así, revela cierto histerismo por un asunto multilateral en el cual tanto Argentina, como Chile y el Reino Unido mantienen reclamaciones de soberanía, y que se encuentran congeladas desde la firma del Tratado Antártico en 1959, con vigencia indefinida.
Lamentablemente, el que Chile apoye posturas como la argentina, que implica revisar un asunto territorial que data de 1833, deja abierta la puerta para discutir cualquier reclamación del siglo XIX; genera la enemistad gratuita de un socio comercial, el Reino Unido; y rompe el principio de la bilateralidad, defendido por Santiago.







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