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jueves 17 de mayo del 2012

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Cegados por el optimismo

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  • Conviene ser cautos al celebrar las positivas cifras económicas y no dejarse embriagar por el optimismo. Se debe estar alerta frente al difícil escenario internacional y trabajar duro por las medidas que tendrán un efecto concreto en la productividad.
 
El 6,3 por ciento de crecimiento de la actividad económica nacional durante 2011, según el Imacec dado a conocer ayer por el Banco Central, es objetivamente una buena noticia, dado el contexto externo, sin embargo, no debe embriagar de optimismo a la opinión pública, y menos, a nuestros líderes.
De hecho, ya comenzaron algunos personeros oficialistas a sacarle provecho político a la noticia, lo que no es nuevo en la historia reciente de Chile.
Y no es para menos, pues la cifra de diciembre (aumento de 5,3%) se ubicó sobre las expectativas de los analistas y del propio Gobierno.
Estas cifras también se ubican sobre los resultados de muchos países de la OCDE y dan cuenta del empuje de distintos sectores de la economía chilena, como la industria manufacturera, el comercio, la minería, el sector forestal y el frutícola, pero conviene precisar algunos aspectos antes de cantar victoria.
En primer lugar, esta cifra se calcula sobre una base de comparación anual, y el 2010 no fue precisamente un buen año, ya que sus resultados estuvieron marcados por los efectos del terremoto y tsunami.
En segundo lugar, el resultado es fruto, en buena medida, del consumo interno y de las exportaciones mineras y forestales, lo que no es necesariamente mérito del gobierno de turno.
En tercer lugar, es delicado señalar que este crecimiento es sinónimo de más y mejores empleos, pues lo que revela el Imacec es básicamente un aumento de las ventas de estos sectores, lo que no necesariamente está asociado a mayor contratación de mano de obra. Es, en buen chileno, mezclar peras con manzanas. Si se quiere especular sobre el mejoramiento de las tasas de empleo y de las remuneraciones, así como de las condiciones laborales de los trabajadores chilenos, hay que recurrir a los indicadores que existen para medir dichas variables o ver las estadísticas de denuncias en la Inspección del Trabajo.
El crecimiento no es siempre sinónimo de desarrollo, y eso bien lo saben las pymes, lo saben los pobres y lo saben los estudiantes.
Pero lo más peligroso con estas cifras es creer que las cosas seguirán bien, en circunstancias que desde el mismo Banco Central y también desde organismos externos, como el Fondo Monetario Internacional, se advierte de un crecimiento que no superaría el 4,5% durante 2012.
Y si bien esta proyección es superior a la que se maneja para otros países, es importante considerar que la crisis europea podría tener un efecto en las exportaciones y en las inversiones; que la situación en Medio Oriente podría desencadenar un alza histórica del precio del petróleo, con consecuencias en la inflación; que China e India también están mostrando signos de desaceleración; y que los conflictos sociales que se están gestando en Chile también pueden afectar el desarrollo normal de las actividades económicas y la gobernabilidad, uno de los principales capitales de nuestra economía.
Por lo anterior es que conviene ser cautos al celebrar las positivas cifras económicas y trabajar duro por las medidas que tendrán un efecto concreto en la productividad, como la inversión en infraestructura, la reforma tributaria y otras reformas legales que busquen impulsar la competitividad de pequeñas y medianas empresas.