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jueves 17 de mayo del 2012

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Grandes sueños para Ñuble

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  • El esfuerzo de pensar un porvenir mejor para los habitantes de Ñuble debe estar matizado por el realismo que sugiere analizar las posibilidades de alcanzar esas metas y los eventuales obstáculos que hay que enfrentar para conseguirlas.
 
Año 2060. Ñuble es un referente científico-tecnológico a nivel nacional y su economía está fuertemente anclada en la generación de conocimiento y aplicación de sus resultados en los procesos productivos. La población tiene una expectativa de vida superior a 80 años, es más educada y con mayores ingresos. La provincia ahora es una región y es reconocida por la excelencia de sus servicios de educación terciaria, de salud y de comercio exterior. Los productos son exportados a través de nuestro aeropuerto ubicado en el puerto seco de Rucapequén. Chillán supera los 300 mil habitantes y luce como una urbe moderna, descontaminada, pero aún con la identidad y la escala humana de hace medio siglo. Hemos alcanzado el desarrollo económico, la prosperidad y el bienestar.
Este es el escenario que hoy describimos en el reportaje especial con motivo del aniversario 142 de LA DISCUSIÓN y que asumimos como una oportunidad para soñar Chillán y Ñuble. Un ejercicio que nos sitúa en los próximos 50 años y que nos permite sentar las bases para poder conseguir al menos parte de esos anhelos.
Pero este ejercicio de pensar un porvenir, sin duda mejor para los habitantes de Ñuble, también está matizado por el realismo que sugiere analizar las posibilidades de alcanzar esas metas y los eventuales obstáculos que hay que enfrentar para efectivamente conseguirlas. En este sentido, si bien hay que realizar esfuerzos, en algunos casos más importantes que otros, lo que parece vital es la voluntad de atreverse a dar esos pasos necesarios para cumplir los sueños. Incluso en ciertas ocasiones es posible que ni siquiera ese sueño se alcance, pero el proceso que se realiza para obtenerlo puede ser tanto o más enriquecedor y provechoso que la meta final.
Puede que éste sea el principal inconveniente con el que se encuentre la provincia. Muchos de los jóvenes que hoy estudian en las diferentes universidades e institutos profesionales, no se sienten motivados por alcanzar grandes sueños y se conforman con metas muy pequeñas, logros mediocres e incluso ven el futuro con desesperanza.
La tarea de revertir ese sentimiento y accionar es responsabilidad no sólo de ellos, sino que de la sociedad en su conjunto, de la familia, de los docentes. Es necesario despertar en una parte de la juventud actual ese deseo oculto por emprender y correr riesgos, por aceptar el error como parte del aprendizaje y como una oportunidad de mejorar; hacerlos sentir capaces de conseguir sus sueños, aunque ello implique sacrificios y adversidades. 
Lo mismo vale para quienes hoy tienen el poder y la responsabilidad de planificar el futuro, aunque hacerlo a largo plazo tenga costos políticos, no garantice un triunfo electoral y los frutos se obtengan en una e incluso en dos generaciones más.
Esta invitación a soñar, pero con sensatez, es el verdadero romanticismo. El mismo que tuvieron los fundadores de LA DISCUSIÓN y que durante 142 años nos ha permitido acompañar, siempre vigilantes, a Chillán y Ñuble en la aún esquiva senda del desarrollo.