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jueves 17 de mayo del 2012

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Capital humano para Ñuble

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La realidad económica y empresarial local, centrada principalmente en la explotación de recursos naturales, no presenta grandes oportunidades de expansión si no se innova y crea valor.

El perfeccionamiento laboral y la capacitación continua son parte de las exigencias del mundo laboral actual. En la era del conocimiento, a diario ocurren avances y cambios que van dejando atrás lo aprendido en la universidad, el colegio y los estudios que pudieran hacerse años atrás, presionando cada vez más para una constante actualización de lo aprendido.
El mundo moderno se estructura bajo parámetros diferentes a antaño. Es la era de lo desechable, de la globalización, de la hiperconectividad, de las redes sociales, de los desapegos y los constantes cambios. Esto se vive también en la vida laboral. Hacer carrera en una sola empresa donde se ingresaba después de egresar de una universidad o instituto profesional e incluso, sin estudios superiores y donde la experiencia era el principal factor de ascenso, es algo que hoy está quedando atrás. Las personas se cambian de trabajo varias veces durante su vida laboral. El promedio de permanencia en una empresa es de 1,6 años, lo que significa que un trabajador está mirando otras oportunidades mientras permanece en un determinado puesto de trabajo, pero como este ejercicio lo hacen muchos, la competencia que se produce en el mercado laboral es mayor, llevando a los profesionales a buscar nuevas y variadas estrategias en este campo de batalla.
Los estudios de posgrado, diplomados, magíster, y doctorados, así como cursos de diferente índole, forman parte de las herramientas de competencia que se requieren para permanecer, ascender o cambiarse dentro del mundo del trabajo, así como para optar a mejoras en las remuneraciones.
Toda esta gama de oportunidades de mejora y actualización de conocimientos, sin embargo, no siempre van asociados a una real mejora de la productividad y del desarrollo profesional. Existe una brecha que hay que analizar entre las ofertas de perfeccionamiento y las reales necesidades del mercado laboral, lo que en ocasiones implica que se desaprovechan estos estudios o no reciban a cambio la compensación económica esperada, si no tienen un real impacto en el mundo empresarial o del trabajo. La inversión que muchas veces se hace para costear un MBA, por ejemplo, no se retribuye con un mayor ingreso acorde a esta inversión de recursos, tiempo y vida familiar.
Las necesidades de un capital humano más preparado en un mundo global y en una provincia que tiene una matriz económica poco diversificada, por lo que depende mucho de nuevas ideas y valor agregado en sus productos para poder crecer, es una realidad que debe ser estudiada por las diferentes casas de estudios superiores, de modo que la oferta de posgrados sea más pertinente y no más de lo mismo. Hay que tener presente también que la realidad económica y empresarial local, centrada principalmente en la explotación de recursos naturales, no presenta grandes oportunidades de expansión si no se innova y crea valor. Estas nuevas exigencias deben ser planteadas por el mundo laboral hacia las entidades de educación, para generar una mayor vinculación entre la oferta de posgrados y la demanda de capital humano calificado y así establecer una sinergia productiva que motive a los trabajadores a perfeccionarse en aquello que efectivamente se requiere y donde la empresa esté dispuesta a invertir a futuro. La coordinación entre ambos mundos, académico y empresarial, es clave para esta etapa del desarrollo de Ñuble.