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jueves 17 de mayo del 2012

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Chillanejos en Europa resisten gélida ola de frío mientras en la ciudad temperatura sube a 35º

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Mientras en Europa los chillanejos que viven en el viejo continente están preocupados por una tercera oleada de frío siberiano pronosticada para hoy y mañana, en Chillán las temperaturas esta semana se han empinado hasta las 35º y no piensan bajar.
En el hemisferio norte se anuncia que “el temporal de frío polar continental se agudizará este sábado y domingo, cuando llegue el tercer episodio de la ola siberiana”.
No es menor el problema, ya que la ola gélida ha provocado 590 muertes en el continente, eso sí, la mayoría personas sin hogar.
No es precisamente la situación de los chillanejos entrevistados, aunque sí ellos manifestaron que el intenso frío se ha dejado sentir.
Laura Rubilar es una de ellas. Casada con el también chillanejo Hugo Landerer, revela desde Ginebra, Suiza, que “estas temperaturas no se ven aquí en Ginebra hace 30 años, y está confirmado que no tiene nada que ver con el calentamiento de la tierra. Es tan simple como una onda siberiana que llegó. Lo bueno es que acá están preparados, todas las casas públicas o del Estado como jardines, colegios, tienen calefacción, así que entre mas frío más sube la calefacción para mantener la temperatura”.
Laura explica que la temperatura normal es de -8 grados, pero no por eso las madres encierran a sus hijos. “Con los niños todos funcionan como si nada, la verdad que si yo pudiera dejar al mío en casa encerrado, lo haría, pero aquí van al colegio y al jardín como si nada, el mío va al jardín tipo 8 de la mañana, se le viste normal, polerón manga larga no muy grueso y pantalón forrado. Ahora con este frío pantalón de nieve, buenas botas de nieve, chaqueta, gorro que tapa las orejas, bufanda y guantes”, detalla, revelando una anécdota: “dejamos unas cervezas y unas bebidas en el balcón y se nos congelaron”.

 

Desde Francia
Paola Costa es una periodista chillaneja que vive en Poitiers, Francia. Relata que “la entrada de mi casa amaneció con alfombra blanca. Mientras los medios anuncian alerta amarilla, naranja y de todos colores, veo nevar por mi ventana en Poitiers… un espectáculo maravilloso, cuando es domingo y puedes ponerte tus botas para ir a caminar por el barrio,  dar una vuelta en el parque, tomar fotos y volver a casa”.
No obstante el panorama cambia en días de semana. “El lunes pasado la imagen idílica de ver nevar tenía más bien un toque apocalíptico,  eran las 18 horas cuando terminé mi jornada en la universidad, nevaba desde mediodía y concentrada en mi trabajo no me di cuenta que ya todos habían partido a sus casas.  No pude evitar pensar en esas películas gringas donde todos huyen en sus automóviles, porque el fin del mundo se acerca, porque ahí parecían estar todos los ‘poitevinos’, detenidos en un taco interminable. Más que el frío me impresionó ver que casi todos los autos iban ocupados por una sola persona y lo poco que les importaban los peatones, en su mayoría estudiantes extranjeros que no sabían que cuando hay nieve no hay buses en Poitiers.  La indiferencia, puede ser más helada que el frío polar”.