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jueves 17 de mayo del 2012

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Nueva cervecería artesanal se abre paso en Coihueco y busca instalar restaurante

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Hace poco más de seis meses, un recién iniciado productor de cerveza que tímidamente daba sus primeros pasos en Linares, decidió dar el salto: comprar un terreno en las cercanías de Coihueco e iniciar su propia fábrica de cerveza artesanal de nombre Donner .
Si bien, aún no es lo suficientemente conocido en la zona, poco a poco su negocio está tomando fuerza y aquellos que transitan por el kilómetro 10,5 del camino a Coihueco se han convertido en gustosos consumidores de este nuevo producto.
Con seis meses, ya cuenta con tres variedades de cerveza : Kölsch (rubia), Brown Ale (caramelo) y Red Ale (roja), esta última, con apenas un mes en venta y durante el invierno de este año finalizarán con la cerveza negra.
Los valores van desde los $1.000,  la botella de 333cc. hasta los $1.500 la de 500cc.
primera incursión
Según comenta el ex piloto comercial y actual productor, Jean Normandil, todo comenzó como un simple pasatiempo, una afición por la cerveza, junto a su cuñado linarense, cuya descendencia alemana lo proveyó de cierto conocimiento en el área.
Tras comenzar una breve producción de cerveza para el consumo propio y notar el gusto de sus cercanos por ella, optaron por crecer. “Pensamos por qué no comercializarla, comenzamos con un equipo de 20 litros que es lo básico y ahora tenemos una fábrica de 300 litros que podemos producir diario”, relata Normandil.
En primera instancia optaron por instalar un negocio estilo campestre en Linares que utilizaron como casa matriz, sin embargo, tras su traslado a Chillán, el microempresario decidió encargarse a tiempo completo de su incipiente negocio, para lo cual adquirió un terreno de 5.300 metros cuadrados, donde construyó una fábrica y salón de ventas, además de su propia casa, con una inversión cercana a los $30 millones. A poco andar, notó un creciente interés por el nuevo producto. “La cerveza artesanal está de moda en Chile, entonces la gente ve los letreros y pasan a probar y se van felices. Yo tengo mi clientela formada. Hay gente que viene todas las semanas”, explica.
Pese al éxito, asegura que no todo ha sido miel sobre hojuelas. Si bien, el provisorio negocio de abarrotes es visitado con frecuencia por clientes atraídos por el rótulo de “cervecería artesanal”, explica que, desde un principio su sueño fue instalar un restaurante, lo cual no le fue permitido en la comuna. A raíz de eso, modificó su giro económico e incorporó la venta de comestibles y bebidas con el fin de comenzar pronto la fabricación y venta de su cerveza.
“Tratamos de implementar un emporio con productos naturales, vender mermeladas caseras, aceite de oliva. Ese fue el enfoque al principio, pero al no obtener la patente comenzamos a vender pan, bebidas y helados. Nunca imaginé tener lo que tengo hoy día, pero seguiremos intentando”, explica.
La incursión en este nuevo rubro implicó una preparación especial . Para ello realizó dos cursos en Santiago especializados en la elaboración de cervezas artesanales, donde aprendió todos los trucos y secretos del producto que hoy ofrece.
El proyecto futuro contempla la implementación del hasta ahora fallido restaurante, una vez conseguidos los permisos municipales. “Para implementar lo, debo ampliar la casa que, aprovechando el terreno y siendo de madera, es fácil de agrandar, pero todo depende de los permisos, estamos en conversaciones, yo creo que se puede lograr, pero todo a su tiempo, primero espero que me conozcan un poco más”, señala.