Deportes (22)
El retorno del básquetbol profesional a Chillán con el ingreso del equipo local a la Libcentro, seguramente despertará del letargo a miles de hinchas que gozaron con el recordado quinteto de Iproch que jugó las temporadas 1983 y 1984 en la histórica Dimayor.
Chillán se está prendiendo con el deporte. Es cosa de darse una vuelta al caer la tarde por la Avenida Ecuador para ver a muchos jóvenes, adultos y hasta adultos mayores trotando, usando como circuito natural las cuatro avenidas.
“Ese chico juega harto, antes Ñublense no jugaba a nada en el mediocampo”, sentencia Cristián Castañeda, ayudante técnico de Curicó Unido, mientras toma apuntes del accionar de los diablos rojos ante Naval en el Estadio Cap de Talcahuano.
Las autoridades del deporte y la educación se llenaron la boca la semana pasada anunciando que la solución para desterrar la obesidad en los niños de 13 y 14 años de Chile pasaba por aumentar las horas de educación física en las escuelas y colegios.
Chillán sede de la Copa América 2015. Suena lindo. Histórico. Inolvidable.
Cuesta encontrar jugadores buenos para la pelota en la Primera B. Esos con una cuota de talento para pasar rivales, habilitar, encarar y jugar el juego con creatividad permanente.
Ñublense tocó fondo. Pero no lo hizo tras la humillante derrota ante Naval de Talcahuano por 5-0.
El diagnóstico es categórico. Certero. Doloroso y frustrante.
Ñublense posee un plantel de escasa jerarquía futbolística y experiencia.
No hay variantes que permitan vislumbrar un equipo protagonista del torneo.
Eso no tiene remedio. El contingente ya se armó y no hay vuelta atrás.
Sin embargo, con la escasa calidad que tiene este grupo a nivel individual, es clave que el técnico Carlos Rojas, para evitar la debacle total, no agudice la crisis equivocando su mirada.
La derrota ante Curicó Unido evidenció no sólo errores individuales sino que también a nivel técnico porque Rojas se dio cuenta que su libreto, el 4-3-3, volvió a fracasar ya que no cuenta con los intérpretes para desarrollarlo. Es decir eligió mal y su pecado fue insistir en una fórmula que amerita jugadores de otro calibre.
La forzada estructura terminó por desnudar las falencias de sus piezas incapaces de asumir más de una función en una exigente dinámica.
Si no tiene valores de buen corte técnico en la zona media con velocidad para recuperar el balón y precisión para habilitar, de nada sirve ubicar a tres delanteros incomunicados y sin abastecimiento.
La presencia de tres atacantes, supone también, un trabajo de joyería de los punteros en la reconversión defensiva, la que implica un desgaste físico, que en el caso de Ñublense, impide la optimización de las tareas.
Así las cosas y de acuerdo a lo que tiene, que es poquito, muy poquito, tendrá que buscar la manera de agrupar jugadores que puedan darle mayor consistencia al juego de Ñublense y sepan llegar de manera construida al arco rival.
No es posible que se maquille la mediocridad futbolística del equipo con un esquema prometedor enmateria ofensiva, pero improductivo porque simplemente no están los jugadores para su óptimo funcionamiento.
Ahora la meta es zafar del descenso a Tercera División y para eso Rojas tendrá que echar mano rápido a una nueva fórmula. ¿Bastará con el cambio del sistema táctico?.
Carlos Rojas estrenó ayer en sociedad su propuesta táctica ante los expectantes hinchas de Ñublense. El “Chifi” apostó por un osado 4-3-3 que, claro está, implica riesgos en la búsqueda del protagonismo ofensivo, pero también responsabilidades a la hora de la reconversión defensiva. Es decir, para el éxito del sistema, es clave que el anhelado equilibrio marque la dinámica de juego permanente del equipo. ¿Y lo consiguió?. A ratos sí, pero en otros pasajes quedó preso de las debilidades del sistema. ¿Cuáles?.
Los grandes equipos, los que logran objetivos, los que marcan diferencias, los que atropellan, los que se levantan después de un golpe, los que ganan con lo otro, los que en medio de la lucha rugen, siempre cuentan en sus filas con jugadores que son verdaderos caudillos, líderes, guerreros, verdaderos técnicos dentro de la cancha, que hablan, que leen bien los partidos y transmiten una mística ganadora.