Mientras los ribetes delictuales y criminógenos continúan ampliando su radio de acción, en lo muy interno las prisiones y sistemas penitenciarios estallan o se incendian producto de la temperatura y presión psicocriminal intramuros. Honduras, donde 358 personas murieron en un penal de Comayagua, constituye un trágico paradigma de esa ineficiencia.
Del otro lado, la información en esta sociedad cibernética es por demás pródiga y veloz, de manera que esa o aquella otra acción delictual es sabida y reaprendida al instante, en el mismo momento, por la marginalidad criminal. A continuación el bombardeo sostenido de la relevisión, radio, prensa escrita y demás, se encarga de no hacer olvidar el referido clima de antisociabilidad, expresado en tal o cual delito o crimen, manteniendo a la delincuencia y la criminalidad en la cresta de la ola societal, trasladando y ampliando en la población el temor reverencial que implica la inseguridad ciudadana.
Sacando al pizarrón a cualquier chileno o chilena: ¿estaría en condiciones de dibujar la “seguridad ciudadana” o, por el contrario, le sería imposible puesto que no tiene claridad alguna respecto de ella?
¡Qué duda cabe!
Extrañamos las dos letra “P”. Prudencia y Participación. así lo han planteado expertos en victimología, criminología, psicología criminal, sociología criminal, sistemas penitenciarios y otras áreas afines, indispensables en solemnidad respecto de la progresiva ecuación de conductas criminógenas que día a día y noche a noche vivimos al interior de nuestras fronteras. ¿Hasta cuándo los ciudadanos viviremos atemorizados?
No a este Chile miedoso, en pánico. Necesitamos otro enfoque, plenamente integral en el tratamiento de la inseguridad ciudadana. El camino es otro, ese que no depende exclusivamente del derecho penal y procesal penal, como lo hemos tratado de abreviar aquí en el presente artículo.
Nuestro país deber ponerse de pie y, de una vez por todas, trabajar en pos de una política criminal que distinga las diferentes separatas y condiciones que cada una de nuestras regiones, ciudades, barrios y áreas rurales nos presentan.
Elaborar una cultura al respecto comienza por algo tan elemental como la comprensión del glosario conceptual básico en la materia. Si usted le pregunta a cualquier habitante de nuestro país qué es un factor criminógeno, nuestro conacional no tendrá respuesta. Recién cuando la tenga estaremos en condiciones de implementar estrategias y tácticas eficientes, con adecuación de sentido, útiles y valiosas en beneficio de la paz social.