¿Esperanzas sin fundamento? No; la esperanza, si lo es de verdad, siempre es fundada. He participado con un grupo de jóvenes universitarios en su campamento de formación, y me siento afortunado por ello. El tema central de dicho campamento ha sido la educación en Chile. La experiencia de las movilizaciones llevadas a cabo el año recién pasado por los estudiantes indignados estuvo presente a modo de telón de fondo en las discusiones, foros, estudios, planteamientos diversos.
Aparte de felicitar a estos jóvenes por la idea de reunirse en actividades de verano para estudiar, trabajar en grupo y reflexionar sobre temas profundos, es interesante detenerse un momento en sus reflexiones.
Algo que los jóvenes valoran y se constituye en tema de estudio es el hecho de que la educación interesa a toda la sociedad, construye sociedad y beneficia a la sociedad. Afirman que invertir en educación es la mejor de las inversiones para una sociedad que quiere vivir feliz y en paz. Según sea esta educación, será también la sociedad.
Estos jóvenes hablan de educación integral, formadora de personas, de hombres y mujeres con habilidades, destrezas, experticias en distintas especialidades y carreras, pero sobre todo, expertos en humanidad. De ahí que el año pasado las movilizaciones estudiantiles fueran transversales al conjunto de la sociedad y viéramos participar en ellas a los estudiantes, pero también a sus familias. Porque la educación integral interesa a las familias y parte de la misma familia; las instituciones educacionales –escuelas, colegios, universidades, etc.- son continuación y complemento de la educación familiar.
Una educación así es la que, desde la infancia, inculca en cada persona valores como justicia, verdad y paz. Esos valores han de partir desde la familia, desde la educación familiar, pero tienen que ser reforzados en el trayecto hacia la adultez y durante toda la vida. Para eso existen las instituciones de educación básica, y las de educación media y superior.
Una educación así, de formación integral, de excelente calidad, formadora de personas que llegan al más pleno desarrollo posible en todos los aspectos de su personalidad, tiene que estar al alcance de todos y tiene que ser gratuita.
Estos jóvenes necesitan y desean colaborar en una educación mejor y gratuita, educación en la responsabilidad social que nos libere a todos de egoísmos y aprovechamientos individualistas “para edificar una sociedad con un rostro más humano y solidario” (Benedicto XVI).
Nuestro Chile amado sufre día a día las consecuencias de una violencia y delincuencia que parece no cejar a pesar de los esfuerzos e inversión económica que se realizan desde distintas instancias para acabar con dicha lacra.
Parece lógico pensar que con más y mejor inversión e intrépidas reformas en el campo de la educación podríamos lograr mejores resultados que con aumento de cárceles y sofisticados recursos policiales.
Sí, creo firmemente que una educación de calidad para todos los chilenos, al alcance de todos, es la mejor herramienta para la construcción de una sociedad más justa y feliz.