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Martes, 24 Enero 2012 22:56

Nueva institucionalidad y un camino que no será nada fácil

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Los hechos que dieron origen a la declaración RN-DC, no tendrían ninguna trascendencia, si es que lo  que se establece para el debate público,  sigue su marcha.

Al contrario, si después no hay nada más, su origen, oportunidad y acuerdo político conocido, daría méritos suficientes como para complicarle la existencia a los dos presidentes firmantes y de paso, dejar las cosas, en el mismo estado de desprestigio en que se encuentran.
Dos destinos. No hay, en esto, segundas lecturas. ¿Qué hay que hacer entonces? Es evidente que hay que aprovechar la oportunidad de dialogar, debatir, proponer, invitar, en definitiva, mejorar el alicaído prestigio político.
Si el Presidente, como lo declaró recientemente, quiere desentenderse de este debate y de paso seguir atrincherado al interior de esquemas partidarios, desgastados, es su responsabilidad. Volvería a cobrar fuerza aquella idea de que el Mandatario entregó el Gobierno para quedarse con la presidencia. O más delicado aún, haciendo un símil histórico militar, el Presidente, tuvo un buen ejército de conquista para llegar a la Presidencia, pero no previó una fuerza de ocupación. Para algunos parlamentarios esta observación es igual. Por ello surgen actos políticos, fuera de los muros de Palacio y también fuera del Parlamento. En este último lugar, el Congreso, que pudo haber sido actor de primera importancia, en especial el Senado, frente a las cuasi asonadas del año pasado,  no lo fue porque o fueron sorprendidos o porque no se activó la norma presidencial que los obliga, emitir pronunciamientos u orientación sobre una materia país.
Pero ahora lo trascendente es lo que está por venir.
De partida, en la declaración subsiste una enorme verdad: Esta democracia no sirve. Se anuncia la llegada de otras estructuras que competirán con  los partidos políticos y con ello se advierte que “trabajar dentro de un partido resulta,  en los tiempos que corren, un gravamen excesivo para una mentalidad difusa en todos los ámbitos... de enfoques muchas veces estrechos.
Dicha observación, delicada, permite entender los capítulos finales de esta declaración al requerir potenciar la calidad de la política, acudiendo a un conjunto de necesidades: transparencia, prohibición de reelecciones indefinidas (aquí quedará afuera el 60% del Parlamento), plena democracia (participación) interna, para finalmente advertirle al Presidente y al Parlamento que deben asumir sus responsabilidades.
La autocrítica señalada, ubica a esta declaración en el terreno de lo verosímil. ¿Responderán los actores políticos actuales? Me sorprende que el Presidente no se incorpore a ella y mucho más que la UDI quiera llevar estas cosas a un tribunal de familia. Me hace suponer, con estas actitudes, que aún no se entiende el desprestigio público, advertido en demasía por todas las encuestas. ¿Qué ocurre?
Pero convengamos que estos son sólo los primeros pasos de una necesidad evidente y si el debate han querido ubicarlo sólo en la forma y no en el fondo, podemos suponer que el camino que queda no será nada fácil.

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  • Autor:
Mario Ríos Santander

Empresario agrícola, profesor de Filosofía, autor teatral y político chileno de Renovación Nacional. Senador del Partido Renovación Nacional por la 13ª Circunscripción Sur, Región del Bío Bío, por dos periodos consecutivos, entre 1990 y 2006. Diputado por la Decimonovena Subsecretario en el Ministerio Secretaría General de Gobierno, entre 1977 y 1979. Alcalde y regidor del Partido Nacional por Los Ángeles.

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