viernes 22 de agosto del 2014

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Fatal accidente en San Carlos

  • Como siempre ocurre, horas después de la tragedia se sucedieron las críticas a la escasa fiscalización, a conductas poco responsables y una serie de mea culpa a posteriori, cuando el daño y el costo es infinitamente mayor.

Pese a las campañas oficiales que buscan reforzar la seguridad vial, los accidentes de tránsito siguen golpeando a la provincia de Ñuble. Ayer, en un choque de dos buses, cuatro personas fallecieron en San Carlos y 96 resultaron con lesiones, entre ellas un menor que al cierre de esta edición se debatía entre la vida y la muerte. La causa fue una colisión por alcance de tal violencia que el bus que fue embestido salió proyectado 50 metros hacia la carretera para luego volcarse.
Factores determinantes en esta tragedia habrían sido el exceso de velocidad y las escasas condiciones de seguridad de los vehículos de transporte de pasajeros. Ambos eran antiguos, por lo que no están bajo las normas de aquellos buses de fabricación posterior al 2008, que sí tienen la obligación de contar con cinturones. Otro dato relevante es el hecho que ambas empresas habían sido sancionadas en varias ocasiones por deficientes condiciones de seguridad.  
Como siempre ocurre, horas después de la tragedia se sucedieron las críticas a la escasas fiscalización, a conductas poco responsables y una serie de mea culpa a posteriori, cuando el daño y el costo es infinitamente mayor. En este caso las presunciones de culpabilidad apuntan a quienes prestan el servicio, chóferes que no respetan los límites de velocidad, buses que no cuentan con estándares de seguridad o falta de mantención de éstos, como cinturones en mal estado, ausencia de martillos de emergencia en las ventanas, desactivación de medidores de velocidad y neumáticos lisos.
La existencia de normativas de seguridad y calidad, que en el país son abundantes, no tienen efecto cuando fallan dos factores claves para su efectividad: la fiscalización y la responsabilidad de los ciudadanos. Transformando la legislación en letra muerta, aumentando los costos y perdiendo vidas humanas. Todo ello evitable si las exigencias y las normas se respetaran y cumplieran desde un comienzo y las conductas mejoraran.
Ahora la atención está puesta en los 15 heridos de gravedad que se encuentran hospitalizados y que si bien salvaron con vida, muchos de ellos tendrán que sufrir las complejidades de las lesiones que incluyen hospitalización con seguimiento de observación, suturas, uso de yesos u ortopedia, y todo otro tipo de asistencia de alta complejidad. En cualquiera de estos casos, las secuelas no sólo son físicas, sino también psicológicas y emocionales, tanto para las víctimas como para sus familiares directos.
Por lo general, no se mencionan las discapacidades que dejan los accidentes de tránsito, toda vez que lo que acapara la noticia es el número de muertos que ocasionan, lo cual impide darle la exacta dimensión al problema. Por consiguiente, es necesario concientizar, educar y, sobre todo, controlar adecuadamente que se cumplan las normas de tránsito, adoptando las medidas necesarias para evitar mayor luto y dolor en decenas de familias, por la falta de control de las autoridades y de previsión de quienes conducen vehículos.

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